Un día fue joven, con una mirada pícara que heredé. Unos ojos verdes que me dejó como legado y una fortaleza propia de una estirpe de supervivientes. Su mejor maestro apareció durante la República y le enseñó todo lo que sabe. Nunca ha escrito una falta de ortografía y ha aprendido de escuchar y observar en la vida... ¡la vida no le ha tratado bien!, pero ahí anda... ¡mi padre!.
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